El lazo blanco ha obtenido la Palma de Oro del 62 Festival de Cannes

25 May 2009 1,419 consultas

Michael Haneke

La película alemana “El lazo blanco” del director austriaco Michael Haneke, sobre las raíces del nazismo, ganó la Palma de Oro del 62 Festival Internacional de Cine de Cannes, según el jurado presidido por la actriz francesa Isabelle Huppert.

Previamente el filme ganó la víspera el prestigioso premio de los críticos de cine FIPRESCI y este domingo el galardón que otorga el Ministerio de Educación de Francia. “La felicidad es una cosa rara, pero ahora mismo puedo decir que es un momento de mi vida, en el cual yo estoy muy feliz”, declaró en francés Michael Haneke al recoger el galardón.

La película, de dos horas y media de duración y que no tiene banda sonora, trata sobre los orígenes sociológicos y religiosos del nazismo. Su título original es “Dass Weisse Band” y es un drama ubicado en vísperas del inicio de la Primera Guerra Mundial en un poblado protestante del norte de Alemania.

Rodada en blanco y negro, el filme se adentra en el ambiente y las raíces que desembocarían dos décadas más tarde en la ascensión del nacionalsocialismo en Alemania, según advierte en su comienzo. En la producción, Haneke describe una sociedad puritana y practicante de un riguroso protestantismo de la que afloran los peores instintos que años más tarde llevarían al poder al nazismo en el país europeo.

El filme, seleccionado en competición oficial Festival de Cannes y ovacionado por crítica y público, era uno de los dos favoritos a ganar la Palma de Oro de esta 62 edición del certamen, que concluyó con la publicación del palmarés.

Haneke ganó en años anteriores el galardón al Mejor Director en Cannes por la película “Caché” , el Premio del Jurado con “La pianista”, cuya protagonista fue la actriz Isabelle Huppert, presidenta del jurado en esta edición del certamen y que anunció el premio.

La otra gran favorita para ganar La Palma, “El profeta” del francés Jacques Audiard, obtuvo finalmente el Gran Premio del certamen. Audiard se mostró desilusionado al recoger el premio entregado en el Palacio de Festivales de Cannes.

Agora de Amenábar, ovacionada en Cannes

17 May 2009 1,566 consultas

Alejandro Amenabar junto a la actriz británica Rachel Weisz, y el actor guatemalteco Oscar Isaac, durante la 62 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. AP/Matt Sayles

“Ágora”, la película del realizador español Alejandro Amenábar que hoy se presenta en el Festival de Cannes, recibió un fuerte aplauso en su primera función para la prensa. “Ágora”, una de las producciones más caras de la historia del cine español (con un coste de 50 millones de euros), es un drama ambientado durante la ocupación romana de Alejandría, en el siglo IV después de Cristo.

La británica Rachel Weisz da vida la astrónoma Hypatia, la última directora de la biblioteca de Alejandría, en tiempos conflictivos con el avance del cristianismo. La lucha por el poder, el peligro de los fanatismos religiosos y la ciencia se entremezclan en esta fastuosa reconstrucción de la Alejandría romana, que se llevó a cabo en la isla de Malta durante el año pasado.

La acción coreográfica del hongkonés Johnnie To se coló en la solemnidad de Cannes con “Vengeance”, protagonizada por el rockero y actor francés Johnny Hallyday, mientras el director filipino Brillante Mendoza compensó tamaña frivolidad con sadismo a tiempo real de “Kinatay”.

La apabullante presencia del cine asiático en esta 62 edición del festival de Cannes sigue desvelando sus cartas y el as en la manga que guardaba Johnnie To para conquistar al público francés fue el ídolo local Johnny Hallyday, además de referentes a las películas de Jean-Pierre Nelville.

“Me alegra esta interacción entre el cine francés y hongkonés y eso llevará mis películas a más gente. Espero que ‘Vengeancè sea el comienzo de una colaboración constante”, reconoció el realizador.

En una jornada en la que la competición quedó eclipsada por “Ágora”, de Alejandro Amenábar, el rockero Hallyday, con su piel de lagarto y los estragos de la cirugía estética, asumió con modestia el papel secundario en Cannes y, en la película, se adaptó como un guante al ballet criminal que To le propone.

“En cuestión de diálogos, no tenía mucho que aprender”, reconoció Hallyday en referencia al estilo eminentemente visual de To. “La manera de trabajar de Johnnie es muy diferente. Me recuerda a cuando hice una película con Godard. Me dio dos páginas por la mañana y eso era todo lo que tenía que aprenderme para todo el día”.

“Pero ahí está el verdadero actor: el que saca sus emociones delante de la cámara sin guión. Es verdad que yo a veces he dado imagen de ser una persona muy solitaria. Reconozco que la ausencia de mi padre me marcó. Pero creo que eso me ha servido para afrontar mejor el personaje”.

La soledad es la que conduce al personaje de Hallyday, llamado Costello, a llevar a cabo la venganza del título: cuando un banda de matones de Macao (China) asesina a sus nietos, a su yerno y deja en estado crítico a su hija.

Johnnie To vuelve con “Vengeance” al mismo festival que lanzó su carrera internacionalmente al proyectar “Election” en 2005 y en esta ocasión retoma la línea de su anterior cinta, “Sparrow” (2008). La fórmula es clara: estilizar la acción hasta conseguir que no importe la ausencia de argumento.

Tampoco mucha premisa necesita, en cambio, Brillante Mendoza para crear la muy interesante “Kinatay”, protagonizada por Coco Martín y María Isabel López y con la que vuelve a la competición de Cannes sólo un año después de presentar “Serbis”.

“Kinatay” significa en filipino “matanza”. La violencia, en consecuencia, es uno de los ingredientes principales de esta cinta que asienta la emergencia del cine del archipiélago asiático como una de las nuevas voces de los circuitos festivaleros.

Junto con Lav Diaz -y sus películas de ocho horas de duración- y Raya Martín -cuya “Independencia” está en la programación de “Un certain regard” este mismo año-, Mendoza forma un triunvirato que apuesta, de diferentes maneras, por un lenguaje difícil de clasificar e incluso de ver.

Su vocación minoritaria se correspondió con la rueda de prensa con menos asistentes hasta el momento, en la que Mendoza aseguró que quiso “contar en tiempo real una experiencia que cambiará la vida de una persona”.

La atmósfera que crea para “Kinatay” es opresiva y sofocante. Suspende la acción para calar al espectador con la progresiva dejadez moral del protagonista, un estudiante de policía que se embarca nada más casarse en un viaje a la humillación, la vejación y la tortura de una prostituta llamada Madonna.

Reflexión terrible sobre los peligros de la actitud pasiva, la película se sigue con un código muy apreciado por estos lares: contemplativo, desenfocado y oscuro. No es narración, sino sumersión.

Pero, según Mendoza, “lo más sorprendente del filme no son mis esfuerzos por encontrar un lenguaje distinto, sino que lo que muestro es algo que realmente ocurre”.

La atmósfera creada es puro desasosiego, aunque siendo un director con tendencia a lo sugerente, acaba explicitando el mensaje de la película en una innecesaria moraleja final: “Una vez que pierdes la integridad, la pierdes para siempre”. Muchos espectadores, no obstante, a esas alturas de la película ya habían abandonado la sala.