Un otoño más cálido de lo normal

El otoño, que oficialmente comienza este martes, será más cálido de lo normal, especialmente en las regiones mediterráneas, con temperaturas que podrían situarse entre 1 y 1,5 grados centígrados por encima de los valores medios para esta época del año.

Así se desprende de la predicción estacional realizada por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) dada a conocer en rueda de prensa por su portavoz, Ángel Rivera. En cuanto a las precipitaciones, se mantendrán, en general, dentro de los valores normales, salvo en Baleares, donde se prevé una ligera tendencia a que el próximo trimestre sea más húmedo de lo habitual.

El verano, que ya acaba, ha sido extremadamente cálido en toda España y se sitúa como el tercero más cálido desde 1970, sólo superado por los estíos de 2003 y 2005, “en la línea del cambio climático”, ha señalado Rivera. Este último trimestre se ha caracterizado también por las escasas lluvias, un 30 por ciento por debajo de los valores normales, lo que le sitúa como el tercer verano más seco del siglo XXI, por detrás de los del 2001 y 2005.

La actividad tormentosa a lo largo del verano ha sido más reducida de lo habitual, si bien se registraron algunos episodios que dieron lugar a precipitaciones de cierta importancia en el suroeste de Galicia, en zonas de levante y en áreas del nordeste peninsular.

En cuanto al balance mes a mes, Rivera ha explicado que junio ha sido un mes extremadamente cálido en la mayor parte de España y las temperaturas más importantes se registraron los últimos días, con algunas “sorpresas”, como los más de 41 grados que se alcanzaron en Córdoba. Julio ha sido también “bastante” cálido, aunque fue relativamente fresco en el noroeste peninsular, y la máxima absoluta se registró en Alcantarilla (Murcia) el día 23, con 45 grados, que fue además la temperatura máxima del verano.

En este mes, además, se produjo un aumento súbito de temperaturas, “un fenómeno curioso que nos sorprende de vez en cuando en el Mediterráneo”, y que en esta ocasión ocurrió en Melilla, donde en los últimos días de julio subió y bajó la temperatura trece grados en poco más de media hora.

Calor persistente

Agosto ha sido el tercero más cálido desde 1961, sólo superado por los años 1991 y 2003, y lo más destacado de este mes es “la persistencia del tiempo cálido”, lo que ha llevado a la percepción de “un verano que no se acaba”. Además, como hecho curioso, Rivera ha resaltado las altas temperaturas registradas en los últimos quince días de agosto. “No recordamos desde los años sesenta una quincena tan cálida como esa”.

La primera quincena de septiembre ha sido también en conjunto cálida, una situación que cambió el día 13 con la entrada de masas frías que provocaron un descenso de las temperaturas. Como no se esperan otras entradas frías hasta finales de mes ni precipitaciones importantes, salvo en Baleares y zonas del litoral mediterráneo, la previsión es que septiembre acabe como un mes “ligeramente cálido”.

El año hidrológico, que va desde el 1 de octubre de 2008 a 30 septiembre de 2009, ha registrado un déficit hídrico del 15 por ciento respecto al año anterior, por lo que se puede calificar de “normal, tirando a seco”. En cuanto a la distribución geográfica, se aprecian diferencias notables entre el área mediterránea, que presenta un cierto superávit, y la vertiente atlántica, “con un déficit de precipitaciones” que supera el 25 por ciento.

EFE

Ciclogenesis explosiva: similar a un ciclon tropical

No es un fenómeno habitual, afortunadamente, pero los efectos de la llamada ciclogénesis explosiva, tormenta que ha barrido especialmente la cornisa norte, suele tener efectos devastadores, similares a los de un ciclón tropical. Es un fenómeno meteorológico que se produce al chocar una masa de aire caliente, con otra de aire frío.

El encuentro de las diferentes masas desarrolla rápidamente una profunda borrasca en un periodo muy corto, dando lugar a vientos muy intensos y fuertes lluvias. Los flujos de aire que originan son tildados por algunos meteorólogos como “vientos perfectos”. La potencia de este fenómeno hace que también se las denomine “bombas meteorológicas”, por sus efectos destructivos. Normalmente, cuando toca tierra su intensidad y velocidad descienden rápidamente.

Ya se dio un fenómeno similar en 1998 en el Cantábrico. En aquella ocasión, la tempestad provocó el hundimiento del pesquero vasco Marero y la muerte de sus ocho tripulantes. Un episodio similar es descrito en la película La tormenta perfecta, en la que el fenómeno que se desarrolla es una ciclogénesis explosiva, aunque de una intensidad más cinematográfica que real.

El nitrogeno de los bosques y el cambio climatico

Por primera vez un estudio a gran escala realizado en América del Norte revela la importancia del nitrógeno que contienen los bosques en el control del clima.

Se trata del nitrógeno que hay en las hojas y ramas más externas de los árboles, el dosel forestal, que, según este estudio, incrementa el albedo, es decir, la cantidad de luz que se refleja de vuelta hacia el espacio, y por tanto contribuye al no calentamiento de la atmósfera.

“Desde hace mucho los científicos han sido conscientes de la importancia del albedo, pero nadie sospechaba que el de los bosques pudiera depender del nitrógeno”, dice Scott Ollinger, profesor en el Instituto para el Estudio de la Tierra, los Océanos y el Espacio de la Universidad de New Hampshire (EE.UU.) y autor principal del estudio.

Los investigadores han podido corroborar, además, otro efecto ya conocido del nitrógeno, y es que cuanto más rico es el dosel forestal en este elemento, mayor es la asimilación de dióxido de carbono de la atmósfera, el gas de efecto invernadero en el que hoy se centra la atención en relación al cambio climático.

Estos resultados se han obtenido integrando los datos recogidos durante seis años en doce bosques por distintos medios; por ejemplo, para determinar el contenido de nitrógeno en el follaje han empleado, además de las medidas procedentes de más 1.700 árboles, las imágenes obtenidas por los vuelos AVIRIS y el satélite EO-1 de la NASA.

En el artículo que recoge el estudio, publicado en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences”, los autores señalan que los cambios que afectan a la disponibilidad de nitrógeno para las plantas tienen un impacto sobre el sistema climático que merece una “seria consideración”.

Particularmente, dicen, a la luz de que las actividades humanas, como la fertilización o la emisión de contaminantes que contienen nitrógeno, han alterado el ciclo global de este elemento.

Añaden, sin embargo, que sería “prematuro” concluir a partir de estos resultados que promover la acumulación de nitrógeno en los doseles forestales ayudaría a compensar el calentamiento global inducido por las emisiones de gases invernadero.

Sería necesario ver si ocurre lo mismo en otros tipos de ecosistemas, como las selvas tropicales o los terrenos agrícolas, y añadir la vegetación como variable en el modelo climático, concluyen los investigadores.

Las nubes marrones aceleran el cambio climatico

Las Nubes Atmosféricas Marrones (ABC, siglas en inglés), un fenómeno formado por diversas partículas tóxicas creadas por el hombre, abarca desde Pekín hasta la península Arábiga, con un efecto acelerador del cambio climático, según un informe de la ONU.

El estudio, elaborado por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y que se dio a conocer en Pekín, concluye que estas formaciones, algunas de ellas con más de 3 kilómetros de espesor, tendrán un impacto directo sobre el medio ambiente, la agricultura y la salud de los habitantes del planeta.

Pekín es una de las principales ciudades asiáticas afectadas por las ABC, compuestas de hollín y otras partículas tóxicas, junto con Bangkok, Dacca (Bangladesh), Karachi (Pakistán), Calcuta, Bombay, Nueva Delhi, Seúl, Shanghai, Shenzhen y Teherán, debido a sus altos índices de contaminación.

A causa de estas nubes marrones, estas ciudades están perdiendo entre un 10 y un 25 por ciento de luz solar desde la década de 1950, según el informe. La ciudad china de Cantón, por ejemplo, ha reducido su recepción de luz solar en un 20 por ciento desde los años 70.

Además, estas nubes multiplican el efecto invernadero y, con ello, precipitan el cambio climático, ya que partículas como los sulfatos reflejan la luz del sol y enfrían la superficie, mientras que el hollín absorbe esta luz y calienta el aire.

Las ABC actuarán de manera directa sobre los glaciares del Himalaya, fuente de los ríos de gran parte de Asia, hecho que podría acarrear periodos de sequía en la región. En cuanto a la salud humana, las nubes marrones se traducirán en problemas respiratorios y cardiovasculares cada vez más frecuentes.

Estas nubes marrones también existen en buena parte de Norteamérica, Europa, el sur de África y el Amazonas.

Los Polos se calientan por la accion del hombre

Un equipo internacional de científicos ha hallado pruebas de que el calentamiento global en los Polos, que pierden cada vez más masa helada, se atribuye directamente a la actividad humana, según un estudio publicado en la última edición de Nature Geoscience. Por primera vez, se ha constatado que existe una “causa humana” en el aumento de las temperaturas tanto en la Antártida como en el el Ártico.

“Por primera vez, somos capaces de atribuir directamente el calentamiento en ambos extremos de la Tierra a la actividad humana”, ha indicado Nathan Gillett, de la Universidad inglesa de East Anglia, que ha dirigido el estudio en el que han participado investigadores estadounidenses, británicos y japoneses.

Las temperaturas del Ártico han aumentado bruscamente en los últimos años y la placa de hielo submarina del continente alcanzó en 2007 su nivel más bajo, pero no se tenía aún constancia de tales efectos en el otro continente helado, la Antártida. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, compuesto por 2.500 expertos, el año pasado la huella humana en el clima se detectó en todos los continentes excepto en la Antártida. Con esta nueva investigación, se disipan todas las dudas.

Los investigadores han comparado los niveles máximos de temperaturas y cuatro modelos climáticos y han observado que el calentamiento se produce en las dos regiones polares. El aumento de temperaturas lo atribuyen al incremento de los gases de efecto invernadero, principalmente derivado de la quema de combustibles fósiles, más que de transformaciones naturales.

Según los científicos, las temperaturas han aumentado 2ºC en los últimos cuarenta años en el Ártico. En la Antártida, este proceso es aún más rápido debido a la oscuridad que impera en sus aguas y a la humedad del terreno.

El cambio climatico centra la campaña en la Antartida

Se acaba de presentar en el Parque de las Ciencias de Granada la Campaña Antártica 2008-2009, que supone un gran despliegue logístico y de colaboración entre instituciones.

El Ministerio de Ciencia e Innovación, la Armada, el Ejército de Tierra y la Unidad de Tecnología Marina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cooperan para permitir que trabajen en el Polo Sur durante los próximos meses 48 grupos científicos, formados por 150 expertos de 74 instituciones españolas.

Se llevarán a cabo 25 proyectos, de los cuáles 18 se desarrollarán en las bases antárticas de nuestro país, la Juan Carlos I, en la isla Livingston, y la Gabriel de Castilla, en la isla Decepción. El resto se repartirá entre los buques oceanográficos ‘Hespérides’ y ‘Las Palmas’ e instalaciones de Chile, Argentina, Nueva Zelanda, Ucrania y Alemania en el Polo Sur.

Los trabajos de esta campaña contarán con un presupuesto de tres millones de euros, a los que hay que sumar otros 12 que el ministerio ha destinado a la remodelación de las dos bases españolas en el continente helado.

Durante el acto de presentación en Granada el secretario de Estado de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, Carlos Martínez Alonso, se refirió al continente blanco como un ‘laboratorio natural inmejorable’ para estudiar el cambio climático.

La toma de datos en esa zona del planeta, según Martínez Alonso, permite comprender buena parte de los fenómenos asociados a la circulación atmosférica y las corrientes marinas que están en la base del sistema del clima.

Un repaso a los 25 proyectos que se llevarán a cabo este año en la Antártida muestra como claro protagonista al cambio global. Este es el término con el que se refieren los científicos a la suma de transformaciones sobre el planeta producidas por el hombre, como la contaminación o la eliminación de biodiversidad, que sumadas a otros factores como el aumento global de temperaturas ahondan los efectos de éste.

De este modo, se estudiará la presencia de CO2, el retroceso de los glaciares o los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas.

El agujero de ozono vuelve a agrandarse

El agujero de ozono ha vuelto a crecer. Tras una ligera recuperación en 2007, el estrechamiento de la capa de ozono que se sitúa sobre la Antártida es mayor este año, tanto en extensión como en volumen, según da a conocer la Agencia Espacial Europea (ESA).

El ozono es una capa de la atmósfera que se encuentra a unos 25 kilómetros de altitud y que actúa como un gigantesco filtro solar para proteger a los seres vivos de los dañinos rayos ultravioleta. Éstos son considerados nocivos por aumentar el riesgo de cáncer de piel y dañar especialmente a la vida marina.

Este año, la zona de estrechamiento de la capa de ozono ha alcanzado los 27 millones de kilómetros cuadrados, en comparación con los 25 millones de kilómetros cuadrados del año pasado. El récord del agujero se batió en 2006, con un tamaño de 29 millones de kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a toda Norteamérica.

La pérdida de ozono es provocada por temperaturas extremadamente frías a altitudes muy elevadas y por la presencia de determinados gases destructores de ozono como los clorinos y los brominos, que provienen de productos artificiales como los clorofluorocarbonos (CFC). El Protocolo de Montreal de 1987 prohibió fabricar estos compuestos -que por ser de origen humano no existen en la naturaleza-, pero aún permanecen suspendidos en la atmósfera.

Dependiendo de las condiciones climáticas, es normal que cada año el tamaño del agujero de ozono varíe. Durante el invierno austral, la atmósfera justo por encima de la Antártida permanece aislada de los intercambios de aire de las latitudes medias, por lo que prevalecen los vientos conocidos como el vórtice polar. Ahí es donde tiene lugar gran parte de la destrucción química del ozono.

El vórtice polar se caracteriza por temperaturas muy bajas que provocan la presencia de las nubes estratosféricas.

Cuando llega la primavera a la región antártica, entre septiembre y octubre, la combinación de la radiación solar y la presencia de nubes estratosféricas causa una liberación de clorinos radicales, muy reactivos con el ozono, que rompen el ozono y lo descomponen en moléculas de oxígeno individuales. Una única molécula de clorino tiene el potencial de descomponer miles de moléculas de ozono.

Según Julian Meyer-Arnek, del Centro Aeroespacial Alemán, las condiciones climáticas de este año han contribuido a que el vórtice polar permaneciera aislado mucho tiempo, por lo que el agujero de 2008 ha sido uno de los más grandes hasta ahora observados.

Toneladas de metano salen a la superficie en el Artico

Científicos rusos afirman tener pruebas de que millones de toneladas de metano, un gas 20 veces más potente que el dióxido de carbono desde el punto de vista del calentamiento atmosférico, está escapando a la atmósfera desde los fondos marinos del Ártico.

Depósitos masivos de metano encerrado bajo estos fondos marinos suben en forma de grandes burbujas a la superficie, fenómeno que coincide con el calentamiento del Ártico y la desaparición de los bloques de hielo de sus aguas, según informa el diario británico ‘The Independent’.

Los depósitos de metano son importantes porque los investigadores creen que su emergencia ha sido responsable en épocas pasadas de rápidos aumentos de temperaturas, cambios climáticos bruscos e incluso de la extinción de muchas especies.

Los científicos, que han recorrido a bordo de un barco de investigación ruso toda la costa norte de Rusia, han descubierto intensas concentraciones de metano en varias zonas que cubren miles de kilómetros cuadrados de la plataforma continental siberiana.

El grupo ha visto la superficie marina bullendo por el efecto de las “chimeneas de metano” que subían desde los fondos marinos. Los expertos creen que ello se debe a que se han fundido las capas de permafrost (hielo permanentemente congelado) que impedían escapar el metano de los depósitos submarinos formados antes de la última glaciación.

Los científicos temen que la liberación masiva de ese metano podría acelerar el calentamiento del planeta y dar lugar a un círculo vicioso por el cual cada vez se fundiría más permafrost y se liberarían mayores cantidades de gas de efecto invernadero.

La cantidad de metano depositado bajo el Ártico se calcula que supera al carbono almacenado en las reservas carboníferas mundiales, por lo que es de vital importancia la estabilización de esos depósitos en un área que se está calentando a un ritmo mucho más rápido que otras del planeta.

Örjan Gustafsson, de la Universidad de Estocolmo y uno de los jefes del equipo de científicos que viaja en el barco ‘Jacob Smirnitskyi’, dice haber descubierto por primera vez un campo en el que la liberación de metano era tan intensa que el gas no tenía tiempo de disolverse en el agua del mar sino que salía a la superficie en forma de burbujas.

La existencia de esas “chimeneas de metano” se documentaron gracias a un sondeador de eco y a instrumentos sísmicos, explica el experto sueco, según el cual en algunos lugares las concentraciones de metano eran cien veces superiores a los niveles normales.

Esas anomalías se documentaron en el Mar Siberiano Oriental y en el mar de Laptev, en una superficie de varias decenas de miles de kilómetros cuadrados, lo que equivale a millones de toneladas de metano, según explicó Gustafsson.

Las conclusiones de ese estudio de la plataforma siberiana, que se publicarán próximamente en el boletín de la Unión Geofísica Americana, están siendo supervisadas por Igor Semiletov, de la Academia Rusa de Ciencias.

Desde 1994, Semiletov ha encabezado cerca de diez expediciones por el mar de Laptev, y durante los años noventa no detectó niveles elevados de metano, algo que empezó a ocurrir, sin embargo, a partir del 2003.

Semiletov ha sugerido varias posibles hipótesis que explicarían este fenómeno, entre ellas un mayor volumen del agua de los ríos siberianos, que llega además al mar a temperaturas algo más altas que en el pasado debido a la fusión de la capa helada de la tierra.

El Ártico ha registrado un incremento medio de las temperaturas de cuatro grados centígrados en las últimas décadas y una fuerte disminución del área oceánica cubierta por los hielos durante el verano.

Este otoño sera mas lluvioso que el anterior

El otoño que comienza hoy no será tan seco como el pasado, ya que se prevén precipitaciones que oscilen en torno a los valores normales en la mayor parte de las regiones. Eso sí, las temperaturas serán más frescas que el año anterior en el noroeste peninsular.

Así se desprende de la predicción estacional realizada por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) dada a conocer hoy por su portavoz, Ángel Rivera, en una rueda de prensa en la que, además, ha facilitado el balance provisional del año hidrológico (1 de octubre de 2007 a 30 de septiembre de 2008) y los datos correspondientes al verano que acaba de finalizar.

Rivera ha explicado que este otoño “no se va a distinguir por extremos”, ya que tanto en lluvias como en temperaturas se va a caracterizar por tener valores cercanos a los normales en esta época del año. No obstante, la predicción estacional apunta hacia un descenso de las temperaturas entre 0,5 y 1 grado centígrado en el noroeste de la Península y sin tendencias significativas en el resto.

El año pasado, el primer semestre del año hidrológico (octubre-marzo) fue el más seco desde 1947, si bien las precipitaciones de la primavera han permitido que vaya a acabar “ligeramente seco”. Aunque se trata aún de un balance provisional, ya que el año hidrológico termina a finales de este mes, las precipitaciones medias acumuladas en el conjunto del país (543 litros por metro cuadrado) son un 11% inferiores al valor medio normal (629 litros). Rivera ha explicado que con las lluvias que ya están afectando a parte de España y que continuarán durante las dos próximas semanas es probable que el año hidrológico acabe con unos valores entre un 7 y un 8% por debajo de los normales.

El portavoz de la Agencia ha reconocido que “es verdad que está cambiando la forma de llover“. Asistimos a una irregularidad en las lluvias, que ahora son más de tipo tormentoso, lo que coincide con lo que los modelos de cambio climático predicen para España, según Rivera.

En cuanto al verano meteorológico (junio-julio-agosto), ha sido “ligeramente” más cálido de lo normal en el conjunto del país (0,5 grados centígrados por encima) debido al predominio de vientos de poniente, en tanto que las precipitaciones han sido similares al año anterior.

Rivera ha explicado que este verano no se han producido “olas de calor” propiamente dichas, pero se han distinguido dos periodos más cálidos, en la mitad de julio, cuando se alcanzaron valores en torno a los 40 grados en puntos de Andalucía y Castilla-La Mancha, y en los primeros días de agosto. Concretamente, el 4 de agosto se alcanzó un valor máximo absoluto de 41,7 grados en Córdoba.

Este verano las lluvias sólo superaron los valores medios en el área de Levante, en el sureste de Castilla-La Mancha y en zonas aisladas del Valle del Ebro, y fue especialmente seco en Canarias y en el cuadrante suroeste, donde llovió por debajo del 50% de lo normal.

Por lo que respecta al periodo enero-agosto de este año, la temperatura promedio ha sido de 16,1 grados, por encima de la media de España (15,3 grados), con lo que se puede concluir que cerca del 70% del territorio peninsular ha experimentado temperaturas muy cálidas o extremadamente cálidas, especialmente el sureste y extremo sur de la Península.

La capa de ozono se recupera de forma progresiva

La capa de ozono se recupera de una forma “lenta pero progresiva”, aunque los niveles de 1980 no se restablecerán hasta el periodo 2060-2075, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

El pasado año ocupó el séptimo lugar en extensión máxima del agujero de ozono desde 1979 y rompió la tendencia de los años anteriores, y en el presente ejercicio la formación del agujero ha comenzado relativamente tarde, pero su crecimiento está siendo “muy rápido”.

La Agencia Estatal de Meteorología -dependiente del Ministerio de Medio Ambiente- ha hecho públicos estos datos ante la celebración mañana del Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono, que conmemora la firma en la misma fecha de 1987 del protocolo de Montreal, que fue proclamado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994.

Según el Ministerio de Medio Ambiente, la firma de este Protocolo es un ejemplo de cómo la colaboración entre la comunidad científica y los dirigentes políticos “puede llegar a obtener resultados globales y revertir situaciones que conllevan un riesgo grave para la Humanidad”.

El Protocolo de Montreal, tras el descubrimiento del agujero de ozono sobre la Antártida, subrayó la necesidad de una reducción drástica en la producción y uso de determinadas sustancias destructoras de ozono.

Posteriores reuniones de seguimiento del Protocolo aceleraron la fase de prohibición y añadieron nuevas sustancias a la lista de compuestos prohibidos. Las prohibiciones han tenido éxito y se ha conseguido una reducción muy significativa en las emisiones.

Sin embargo para que los efectos de esta reducción se hagan notar habrá que esperar ya que la vida de estos compuestos es larga, y a pesar de que se ha logrado reducir al mínimo la posible emisión de estas sustancias, los efectos de emisiones pasadas persistirán durante décadas.

Se espera que los niveles de ozono de 1980 se vuelvan a alcanzar entre 2060-2075 y que el agujero de ozono antártico se siga produciendo con niveles de intensidad similares a los de los últimos años durante los próximos veinte años.

La AEMET ha advertido además de que la detección de la recuperación de la capa de ozono en los próximos años se complicará debido a la compleja interacción entre capa de ozono y el cambio climático.

Como cada año, al aproximarse la primavera austral, comienza la destrucción de ozono sobre la Antártida; durante el invierno austral se alcanzan en la estratosfera temperaturas muy bajas (por debajo de -78 grados), según los datos de la agencia española de meteorología.

Esas temperaturas son necesarias para formar las llamadas nubes estratosféricas polares; en su superficie se producen las reacciones químicas que llevan a la destrucción del ozono estratosférico en presencia de luz solar y de las sustancias destructoras de ozono que actúan como catalizadores de las reacciones.

Por ello, la destrucción de ozono comienza al principio de la primavera, conforme la luz solar empieza a incidir de nuevo en latitudes polares.

El agujero de ozono del pasado año alcanzó su máxima extensión el 13 de septiembre con una superficie de 24,7 millones de kilómetros cuadrados, y comenzó a disminuir a partir de ese día.

En cuanto al agujero de ozono antártico de este año 2008, según la AEMET resulta todavía prematuro dar una previsión de cómo va a evolucionar, aunque ha precisado que los intercambios de calor con masas más cálidas son menores y por ello la destrucción de ozono ha comenzado más tarde pero de forma más abrupta.

Calentamiento del clima acabo con las primeras selvas

Varios bosques fosilizados descubiertos en minas de carbón en Estados Unidos constituyen las primeras pruebas prehistóricas de cómo las selvas tropicales son destruidas por el calentamiento global y presagian el futuro del Amazonas.

Varios bosques fosilizados descubiertos en minas de carbón en Estados Unidos constituyen las primeras pruebas prehistóricas de cómo las selvas tropicales son destruidas por el calentamiento global.

Los seis bosques petrificados datan de hace entre 303 y 309 millones de años, justo al final del periodo carbonífero, cuando el clima terrestre experimentó un período de fuerte calentamiento global. Esto ha permitido a los investigadoes comprobar los efectos del cambio climático sobre un paisaje prehistórico.

Según Howard Falco-Lang, de la Universidad de Bristol, los fósiles encontrados a metros de profundidad en los Estados norteamericanos de Illinois y Kentucky indican que ese paisaje estuvo una vez cubierto de árboles musgosos, helechos, equisetos y otras especies de árboles primitivos hace 309 millones de años.

Una vez producido el calentamiento global, hace 306.5 millones de años, el paisaje sufrió una profunda transformación y los árboles fueron sustituidos por helechos en forma de maleza, según Falcon-Lang. Aquellos bosques primitivos, el mayor de los cuales cubre una superficie de 10.000 hectáreas, tenían una estructura muy similar a la del actual Amazonas, señala el experto británico.

“Se trata de los mayores bosques fosilizados del mundo. Es extraordinario encontrarse un paisaje forestal de tal extensión perfectamente conservado”, explica Falcon-Lang. Los bosques quedaron sepultados debido a temblores de tierra y la vegetación se conservó perfectamente bajo los sedimentos. Las pruebas de su existencia pueden verse actualmente en más de quinientas minas.

Falcon-Lang califica de extraordinaria la experiencia de caminar por los túneles de esas minas: “El carbón representa el suelo sobre el que crecía el bosque tropical. Los árboles están en el techo y se ven colgar las raíces”. Según el experto, aquellos árboles enormes padecieron un estrés enorme y murieron por culpa del calentamiento global.

“El bosque tropical se colapsó durante ese período de calentamiento extremo. Los árboles musgosos desaparecieron de la noche a la mañana y fueron sustituidos por marañas de helechos. Es lo que puede acabar ocurriéndole al Amazonas”, advierte el científico.

El calentamiento y la intensidad de los huracanes

Los huracanes más potentes se vuelven aún más violentos a consecuencia del cambio climático y la subida de la temperatura de los océanos. Un análisis estadístico basado en datos de los satélites de los últimos 25 años, así lo demuestra, según una investigación de un equipo de científicos dirigido por James Elsner, del Departamento de Geografía de la Universidad Estatal de Florida, EEUU.

La investigación aparece publicada en la revista ‘Nature’, y puede significar un punto de inflexión en la polémica de si el cambio climático incrementa los efectos más destructivos de los huracanes y su frecuencia. El análisis es válido para los huracanes de las zonas tropicales del Atlántico, el Índico y el Pacífico. El Pacífico sur no ha podido ser evaluado por falta de registros sostenidos en el tiempo para llevar a cabo la investigación.

Los análisis de los datos tomados por los satélites en estos últimos 25 años, demuestran que hay una tendencia al alza en las velocidades de viento máximas en los ciclones más fuertes que se originan en los mares tropicales, donde la temperatura del agua del mar es más elevada. Este patrón en los ciclones, huracanes o tifones “está vinculado directamente a la temperatura”, según los investigadores.

Por cada grado Celsius de subida de temperatura del agua superficial del mar, aumenta la frecuencia de los huracanes más fuertes en una relación de 13 a 17, lo que viene a ser un aumento del 31%, señala el artículo de Nature.

“Cuanto más fuerte es el ciclón, mayor es el incremento de su fuerza”, afirman los autores del análisis. Según su tesis, el motor de los huracanes es la temperatura del mar: cuánto más aumenta, más rápido gira el huracán dando vueltas sobre sí mismo en el sentido contrario a las agujas del reloj (en el Hemisferio norte) a velocidades de entre 150 y 240 kilómetros por hora, registros que definen a los huracanes.

Los investigadores de la Universidad de Florida advierten, no obstante, de que las incertidumbres sobre la formación, frecuencia e intensidad de los huracanes son todavía muy altas.

También señalan que su estudio no incluye otros parámetros como el origen, la duración, la proximidad a tierra, las interferencias del fenómeno de ‘El Niño’ o la actividad solar. Además, añaden que sería necesario controlar nuevos factores: cambios de temperaturas en la troposfera y los vientos próximos a tierra.

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