G. MAESTRE, S/C de Tenerife (eldia.es)
Cuando se piensa en un forense, la mente nos lleva a imaginar a una especie de cirujano abriendo un cadáver y extrayendo todos los órganos para averiguar las causas de su muerte. No es que esa idea esté equivocada, lo que sucede es que en España este tipo de peritos, más que realizar autopsias, que las realizan, a lo que se dedican es a actuar como un engranaje más de los complejos procesos judiciales
En el Instituto de Medicina Legal de la provincia de Santa Cruz de Tenerife trabajan actualmente 26 forenses, y de los 18.000 informes periciales realizados durante el pasado año sólo 580 fueron por autopsia judicial. “Eso deja ver que nuestro trabajo es más bien otro, pese a lo que la gente puede pensar. Por ejemplo, hemos hecho más de 17.000 informes por invalidez permanente, por agresiones sexuales, accidentes laborales o de circulación, o problemas de imputabilidad de una persona con algún trastorno mental, etc.”, explica el director del instituto, Miguel Ángel Tous, que, además añade que “este modelo español difiere mucho del inglés o el americano, y como casi todas las películas son extranjeras la gente piensa que trabajamos con la policía y que sólo nos dedicamos a hacer autopsias, cuando lo cierto es que en España somos asesores facultativos de los jueces y los fiscales y nuestra función es de asesoramiento en datos médicos o biológicos”.
Pero entones lo que cabría preguntarse es si a un forense se le puede considerar como un médico, en este sentido Tous recuerda que “los médicos no son forenses, es decir, porque tengamos una agresión y vayamos al médico del hospital éste no se convierte en un forense. El forense es un funcionario público que no trabaja en la calle. Cuando una persona tiene cualquier tipo de lesión que no es producto de una enfermedad común y acude al médico, éste tiene la obligación de comunicarlo al juzgado y en la medida en la que el juez necesite un informe se lo pedirá al forense”.
Y es que los forenses son empleados de justicia, ya que “nosotros somos expertos en conocer lo que los jueces demandan de los informes médicos porque no somos médicos comunes. Lo que hacemos es informar a los magistrados de los aspectos que tienen trascendencia judicial. Un psiquiatra puede hablar sobre las enfermedades mentales y sus tratamientos, pero desconoce hasta qué punto esa enfermedad tiene trascendencia en las leyes y eso es lo que hacemos los forenses. Realmente somos como traductores especializados para la justicia”, señala el director del instituto.
En cualquier caso, y a diferencia de la percepción generalizada que ahora mismo hay sobre la justicia, el trabajo de los forenses rara vez es cuestionado. “La Ley de Enjuiciamiento Criminal prevé que los informes periciales de los forenses tienen un gran valor porque se les presume una objetividad e imparcialidad total, porque no tienen interés alguno en beneficiar o perjudicar a nadie. Sería como dudar del juez.”, insiste Tous.
No sólo el ADN es una prueba irrefutable en cualquier juicio, como cabría pensar; “es la manera más eficaz que hay de identificar a la gente con casi total seguridad, pero la misma validez tienen otras pruebas y prácticas forenses, porque nuestra función es esclarecer lo que ha sucedido y para ello se debe buscar la verdad material y no te puedes llevar por lo que te cuentan, sino que tienes que documentarlo y probarlo”.
Abundando en esta cuestión, Miguel Ángel Tous incide en que “el forense está especializado en saber hasta qué punto le pueden estar tomando el pelo, y esto se ve en que algunas personas cuando están cometiendo delitos son auténticamente malvados y sin embargo cuando llegan a los juzgados son verdaderas hermanitas de la caridad. Sabemos perfectamente lo que es la simulación y disimulación de los trastornos mentales y es muy difícil que se nos pueda engañar”.
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